Hace más de una década, una casa en ruinas con plantas desatendidas, terrenos descuidados y un precio de $700 fue descubierta por una pareja que encontró una joya oculta. Estaba claro que esta podría haber sido una encantadora casa de vacaciones, cercana a un río y un bosque, incluso en su forma descuidada. Sabían que esta era su oportunidad final para salir adelante. Lo primero que hicieron fue abordar el terreno cubierto de maleza. Despejaron la maleza, cuidaron el césped y se pusieron manos a la obra para embellecer la casa. Luego, se exhibió el plan de la propiedad, mostrando un jardín de vegetales planeado con áreas designadas para parterres y céspedes. Se eligió un seto verde para la barrera.

En ese momento no había suministro de agua; por lo tanto, perforar un pozo era su máxima prioridad. El cónyuge tomó la iniciativa y construyó una cubierta de pozo bien pensada, una refrescante ducha exterior, un práctico cobertizo de almacenamiento y una pérgola. Él creó gran parte de los muebles de la dacha a mano, y sus habilidades en carpintería se lucían en el porche, la terraza y el balcón.

Para proporcionar agua, construyeron un tubo estacional que se conectaba al pozo. Un calentador de agua enviaba agua caliente al fregadero de la cocina. Las aguas residuales se recogían en una pequeña fosa. El precio, la funcionalidad y la estética fueron consideraciones importantes durante el proyecto.

