Karina, de 27 años, lucha por moverse debido a su peso, que ha superado los 300 kg. Aunque Karina no tiene una condición que ponga en peligro su vida, su peso la ha mantenido en gran medida en interiores y rara vez sale al exterior.

Su batalla con el peso comenzó cuando fue diagnosticada con asma siendo niña. Karina tuvo muchas visitas al hospital cuando era pequeña, y sus padres hicieron un trabajo fantástico cuidando tanto de sus otros hijos como de sus necesidades médicas. El peso de Karina aumentó incluso cuando sus problemas de salud mejoraron con la edad.
Karina recuerda sus primeros años como definidos por el vacío emocional que la comida llenaba en su vida y la ausencia de su madre en casa debido a sus obligaciones laborales.

La comida se convirtió en un consuelo cuando el consuelo materno era escaso, y la soledad se convirtió en una compañera frecuente. Karina desarrolló una relación poco saludable con la comida, lo que llevó a que su peso superara el promedio para cuando tenía 10 años. Karina recurrió a los refrigerios para consolarse porque se sentía abandonada y necesitaba apoyo emocional; encontraba consuelo en su familiaridad. Después de darse cuenta de los efectos negativos de sus hábitos alimenticios, Karina se propuso transformar su estilo de vida. Comenzó a comer de manera más saludable, eligiendo verduras en lugar de comidas rápidas. También tenía un deseo de larga data de someterse a una cirugía gástrica, ya que la veía como una forma de poner fin a sus problemas de peso.

