Una pequeña cabaña de madera se encuentra a 20 millas de la capital de Islandia, Reykjavik.
Una joven lo compró hace años como una forma de alejarse del bullicio de la ciudad.
Vivir en una zona tranquila y pacífica siempre ha sido su sueño.


La mujer distrae mucho las ciudades y valora la naturaleza y un estilo de vida activo. Tiene lo que quería en su casa: comodidad, tranquilidad y calma.
Tradicionalmente, todas las viviendas islandesas estaban recubiertas de alquitrán, pero ahora el exterior está pintado de negro, para protegerlas de las inclemencias del tiempo. Los colores oscuros decoran las habitaciones, creando un ambiente confortable y tranquilo.






