Paul Alexander ha pasado más de 68 años viviendo dentro de un pulmón de acero, llevando una vida extraordinaria. Durante su infancia, se dedicó a actividades típicas como jugar con amigos, correr en el césped y crear arte. Sin embargo, el verano de 1952 lo cambió todo, confinándose su cuerpo en el pulmón de acero. A pesar de los desafíos, Paul saca fuerzas de su existencia y considera que lleva una vida feliz. Ese año fatídico se cobró muchas vidas, y los médicos predijeron que Paul no sobreviviría mucho tiempo, pero él desafió las probabilidades.

El verano de 1952 fue una época de pesadilla para muchos, marcada por las altas temperaturas y la propagación de la poliomielitis, que era particularmente peligrosa para los niños pequeños. La falta de una vacuna contra la polio en ese momento llevó a medidas desesperadas, como toques de queda, reuniones públicas restringidas y fumigación con insecticidas en toda la ciudad. En medio de estos eventos, una aparición repentina de síntomas de polio interrumpió el tiempo de juego de Paul, lo que llevó a que un médico que lo visitó le diagnosticara la enfermedad.



Sí, todo esto puede parecer absurdo y gracioso para otros, pero Paul está acostumbrado a terminar lo que empieza, independientemente de las dificultades.



