Según los informes de los medios, el protocolo suele considerarse uno de los aspectos más desagradables de la vida real. Sin embargo, también protege a los miembros de la realeza de muchas situaciones incómodas y errores que podrían surgir durante las interacciones con el público.
Por ejemplo, las reglas establecen claramente que los miembros de alto rango de la Familia Real no pueden aceptar regalos por un valor superior a 150 libras (aproximadamente 19.000 rublos al cambio actual). Los Windsor rechazan cualquier cantidad superior.

Hay una lógica detrás de esto. Durante el reinado de la reina Isabel II, su conocida afición por los corgis dio lugar a una afluencia de perros regalados, que con el tiempo se convirtieron en una especie de molestia. En una ocasión, la princesa Ana recibió un cachorro de oso vivo de tres meses de la URSS, que más tarde fue trasladado al zoológico de Londres.
Desde entonces se ha abordado el problema y desde 1990 existen nuevas directrices que dictan que los obsequios de animales vivos deben dejarse en el mismo lugar donde fueron entregados.

Curiosamente, a los miembros de la familia real se les prohíbe incluso aceptar flores. Kate Middleton, por ejemplo, no puede decorar su despacho con ramos que recibe como regalo. Sin embargo, las flores no se desechan. Las secretarias tienen la tarea de colocarlas en los salones privados del palacio o donarlas a hospitales y organizaciones benéficas.