La sandía es el manjar definitivo del verano, pero encontrar una perfectamente madura no siempre es fácil. Aquí te contamos cómo aumentar tus probabilidades de llevar a casa una sandía dulce, roja y jugosa:

Mancha del azúcar: Busca una pequeña marca seca, ligeramente hundida, donde estaba el tallo. Esto indica que maduró correctamente. Evita manchas grandes, húmedas o blandas.

Consistencia del color: Una sandía madura debe tener rayas verde intenso y una superficie de color uniforme. Aléjate de las que tengan moretones, opacidad o parches desiguales.
Peso: Levántala; si se siente más pesada de lo que parece, probablemente esté llena de jugo y sabor.

Prueba de golpe: Dale un golpecito suave. Una sandía madura suena profunda y hueca, mientras que un sonido apagado puede significar que está verde.
Mancha del campo: Revisa la parte inferior de la sandía. Una mancha amarilla cremosa significa que maduró naturalmente al sol. Manchas blancas o verdes pálidas son señal de alerta.
Cáscara lisa: Una piel exterior firme y lisa, sin áreas blandas o imperfecciones, es buena señal de frescura.