En los Emiratos Árabes Unidos, había un plan para remolcar un iceberg del tamaño de un rascacielos desde la Antártida hasta Dubai.
Todo comenzó en 2017 cuando Abdullah Alshehi, empresario y escritor emiratí, propuso una solución increíble al problema de la escasez de agua en la región: remolcar un iceberg desde la Antártida hasta el Golfo Pérsico. El plan parecía sacado de una película de ciencia ficción, pero se basaba en un problema muy real.
Los Emiratos, con sus limitados recursos naturales de agua dulce y su rápido crecimiento poblacional, han dependido durante mucho tiempo de plantas de desalinización de alto consumo energético. La idea de Alshehi era traer un iceberg gigantesco a Dubái para proporcionar a los residentes agua de 100.000 años de antigüedad.

El proyecto consistía en localizar un enorme iceberg cerca de la Antártida, conectarlo a un remolcador especialmente equipado y remolcarlo a lo largo de 8.000 kilómetros por el océano Índico. A su llegada, el iceberg quedaría anclado cerca de la costa, derritiéndose lentamente bajo el sol del desierto. El agua de deshielo se recogería, filtraría y añadiría al suministro nacional de agua.

Sin embargo, esta idea nunca se materializó. Los científicos e ingenieros marinos fueron de los primeros en expresar su preocupación. Remolcar algo tan grande como un rascacielos a través de aguas cálidas y turbulentas planteaba enormes desafíos y peligros logísticos. Los ambientalistas también se opusieron a la idea, y los costos financieros se convirtieron en un obstáculo significativo.

Sin embargo, los Emiratos Árabes Unidos no se quedaron sin agua cristalina proveniente de icebergs. Una empresa emergente en Groenlandia comenzó a recolectar fragmentos de antiguos glaciares que se desprendieron naturalmente en el mar. Pequeños lotes de este hielo se enviaron a Dubái, donde se sirvieron en bares y restaurantes de lujo. Si bien esta práctica se promociona como ecológica, ha sido criticada por comercializar un símbolo del calentamiento global.