Carlo Acutis, un adolescente italiano conocido por su amor por los videojuegos, el humor y las mascotas, fue declarado oficialmente santo el domingo, convirtiéndose en el primer millennial de la Iglesia Católica en recibir el título.
Acutis, quien falleció de leucemia a los 15 años en 2006, utilizó sus conocimientos informáticos para difundir la fe en línea mediante la creación de un sitio web que documenta milagros eucarísticos. Su estilo informal —vaqueros, camiseta y zapatillas deportivas— lo distingue de las imágenes tradicionales de santos, lo que lo hace especialmente cercano a los jóvenes católicos de todo el mundo.

Apodado «el influencer de Dios» , demostró cómo internet podía ser una fuerza positiva. Su ceremonia de canonización, presidida por el papa León XIV en el Vaticano, atrajo a multitudes de jóvenes que ondeaban pancartas con su imagen.
La historia de Acutis también es profundamente personal: su madre recuerda que él usaba su dinero para ayudar a las personas sin hogar, defendía a compañeros que sufrían acoso escolar y la inspiró a convertirse a una fe más firme. Aunque se crio en un hogar no religioso, su devoción se manifestó desde muy joven.

Se le atribuyen dos milagros: la curación de un niño brasileño nacido con un defecto digestivo y la recuperación de una niña costarricense que sufrió una grave lesión cerebral. Estos milagros lo llevaron rápidamente a la santidad, mucho más rápido que el proceso de siglos que enfrentan la mayoría de los candidatos.

Su tumba en Asís, donde se le exhibe con ropa informal, se ha convertido en un lugar de peregrinación para casi un millón de visitantes cada año, y aparecen santuarios en su honor en lugares tan lejanos como Estados Unidos.

Sus partidarios lo ven como un modelo moderno para los creyentes de la Generación Z, mientras que sus críticos argumentan que su causa refleja antiguas tradiciones demasiado centradas en los milagros. Aun así, su popularidad sigue creciendo, y muchos jóvenes católicos se inspiran en su mensaje: «Todos nacen originales, pero muchos mueren como fotocopias».