La cantante Ana Mena, una de las artistas españolas más escuchadas tanto en España como en Italia, ha mostrado en distintos medios y redes sociales cómo es su refugio íntimo en la provincia de Málaga, un lugar donde huye del bullicio de los escenarios, los flashes y la presión mediática para reencontrarse con su esencia, sus raíces y la vida tranquila que tanto valora. Aunque la artista compagina una agenda frenética entre giras, grabaciones y promociones, su hogar en Estepona —su ciudad natal en la Costa del Sol— se ha convertido en la principal base desde la que recarga energías y construye su equilibrio personal.
Ana ha elegido un estilo de vida sereno y conectado con la naturaleza en su refugio malagueño, donde destaca el diseño interior y exterior de la vivienda, pensado para la calma y la creatividad. La casa combina una decoración en tonos suaves y estilo nórdico con materiales naturales, como madera clara y grandes ventanales que inundan el espacio de luz natural, creando un ambiente cálido y acogedor que contrasta con los espacios siempre tensos de las giras y los estudios de grabación.

Precisamente, el área exterior de su hogar es uno de los pilares de ese refugio tan personal. Allí Ana ha creado un jardín con huerto propio, donde cultiva verduras, cuida olivos y hasta produce aceite de oliva artesanal, una actividad que la artista define como profundamente reconectiva con su tierra y sus orígenes malagueños. Este huerto no tiene fines comerciales, pero sí representa una forma de vida artesanal y un símbolo íntimo de tranquilidad, compartido en ocasiones con su pareja, el actor Óscar Casas.
La elección de Estepona como su residencia no es casualidad. Más allá de los efectos estéticos de un municipio andaluz costero con calles floridas, playas mediterráneas y un casco histórico impresionante, para Ana este pueblo de la Costa del Sol es la conexión emocional y espiritual con su infancia, su familia y sus recuerdos de la niñez. A pesar de su éxito internacional, la cantante siempre ha dejado claro que su vínculo con Málaga y, en concreto, con Estepona, permanece intacto: es el lugar que la vio crecer, donde vivió sus primeros pasos en la música y donde todavía siente que puede ser simplemente ella misma sin artificios ni exigencias externas.

En este “refugio secreto”, lejos de los focos, Ana Mena ha encontrado el equilibrio entre la vida artística y la personal. Su casa en Estepona no solo es su lugar de descanso, sino también un espacio creativo, espiritual y emocional, donde compone, reflexiona, comparte momentos íntimos con su círculo cercano e incluso imagina nuevas canciones y proyectos artísticos. Así, la intérprete demuestra que incluso tras años de consolidación en la industria musical, no ha perdido el valor de la sencillez, el amor por sus raíces y la importancia de tener un rincón en el mundo donde todo pueda volver a su centro.