Isabel Sartorius, la aristócrata que se ganó un lugar en la memoria pública española como el primer gran amor del ahora rey Felipe VI en los años 80, ha vuelto a ser protagonista, pero esta vez por un motivo muy alejado de los flashes y las portadas de sociedad. A sus 61 años, la socialité se encuentra ingresada en una residencia sanitaria de Madrid, afrontando un delicado y prolongado proceso de salud tanto físico como emocional, según han confirmado diversos medios que han seguido de cerca su situación en las últimas semanas.
La residencia en la que vive actualmente le permite recibir atención médica continuada y un seguimiento profesional, algo que su entorno considera fundamental tras varios años marcados por pérdidas personales y baches de salud. A pesar de que no se han divulgado detalles clínicos concretos sobre su condición, fuentes cercanas aseguran que Sartorius está “bien atendida y cuidada”, y que su ingreso responde a un proceso complicado y de largo plazo que requiere estabilidad y supervisión constante.

Este centro clínico, situado en la capital española, funciona en un régimen que le permite entrar y salir bajo acompañamiento, y Sartorius lleva una vida relativamente normal dentro de esa estructura supervisada. Cuando sale al exterior, lo hace siempre con la compañía de amigos o familiares precisamente porque, según explican, “a veces se olvida de las cosas y puede perderse”, una situación que han descrito quienes conocen su diagnóstico y evolución reciente.
El pasado 20 de enero, coincidiendo con su cumpleaños número 61, Isabel Sartorius pudo dejar por unas horas la residencia para celebrar la fecha en la intimidad más absoluta. Lo hizo rodeada de su círculo más cercano en la casa de Nora de Liechtenstein, segunda esposa de su padre, un apoyo emocional clave en su vida. Ese día fue íntimo y discreto, marcado por la ausencia de su hija Mencía Fitz‑James Stuart, quien vive y trabaja en Londres y no pudo estar presente durante la celebración.
Isabel, cuya vida siempre ha estado ligada a acontecimientos intensos y públicos, desde su infancia como aristócrata hasta su relación con Felipe VI, ha pasado por numerosos capítulos complejos. En décadas anteriores afrontó momentos difíciles relacionados con su familia, con episodios de ansiedad, trastornos alimentarios y adicciones que ella misma detalló en su libro autobiográfico Por ti lo haría mil veces. Su historia ha sido un viaje entre la exposición mediática y la necesidad de encontrar equilibrio personal.
Después de su historia con Felipe VI, que duró unos años a finales de los 80 e inicio de los 90, la vida sentimental de Sartorius continuó con otras relaciones significativas, entre ellas con Javier Fitz‑James Stuart, con quien tuvo a su hija Mencía, y más adelante con el empresario César Alierta, expresidente de Telefónica, cuya muerte en 2024 supuso un golpe emocional particularmente duro para ella.

En la actualidad, aunque mantiene un perfil alejado de la prensa y los grandes focos, Isabel Sartorius sigue contando con la cercanía y apoyo de su familia y amigos más íntimos mientras afronta este capítulo de su vida en la clínica. Su ingreso ha reavivado el interés en una figura que, décadas atrás, despertó especulaciones en torno a una posible boda real y cuya historia personal siempre ha estado marcada por contrastes entre el brillo público y la fragilidad emocional.