La actriz y cantante Nati Mistral, una de las figuras más reconocibles del panorama escénico español del siglo XX, falleció en Madrid a los 88 años, dejando tras de sí una trayectoria marcada por el talento, la intensidad y una personalidad que nunca pasó desapercibida.
Nacida en 1928 en el seno de una familia madrileña humilde, Natividad Macho Álvarez —nombre real de la artista— comenzó su vínculo con el mundo del espectáculo siendo apenas una niña, cuando se incorporó al Teatro Español. Su precocidad artística quedó pronto confirmada al ganar un concurso en Radio Madrid a los 15 años, interpretando un fado, lo que abrió la puerta a nuevas oportunidades profesionales.
Ese mismo impulso la llevó a ser contratada por la compañía de Lola Flores y Manolo Caracol, un punto de inflexión en su carrera que la introdujo en los grandes escenarios. A partir de ahí, su recorrido artístico se expandió con rapidez, combinando teatro, música y cine en una carrera extremadamente versátil.
Durante los años siguientes, participó en giras internacionales y formó parte de la compañía “Los Vieneses”, con la que recorrió Europa durante cinco años. Su presencia en escenarios extranjeros consolidó su perfil como intérprete polifacética, capaz de moverse entre distintos géneros como la zarzuela, la tragedia, la comedia y el musical.
Con el paso del tiempo, Nati Mistral se convirtió en una referencia del teatro musical en España, protagonizando numerosas obras que marcaron distintas etapas del repertorio escénico nacional. Su nombre quedó ligado a títulos clásicos y a una forma de interpretar caracterizada por la fuerza expresiva y una dicción muy personal.

Además de su carrera en el teatro, también desarrolló una sólida trayectoria como cantante, grabando cuplés y piezas populares que formaban parte del imaginario musical de varias generaciones. Su presencia en televisión en etapas posteriores reforzó su figura pública, donde destacó por su carácter directo y sus opiniones sin filtros.
En el cine también dejó huella, participando en diversas producciones desde mediados del siglo XX, ampliando así un perfil artístico que abarcaba prácticamente todos los formatos escénicos de su época. Su trabajo fue reconocido con importantes distinciones, entre ellas el Premio Nacional de Teatro y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.
En sus últimos años, la artista continuó vinculada al recuerdo activo de su carrera, manteniendo apariciones y recitales que reforzaban su estatus como figura histórica de la cultura española. Su fallecimiento cierra una etapa marcada por décadas de actividad ininterrumpida y una personalidad artística que dejó una huella profunda en el teatro y la canción.