El último programa de la vigésima temporada de El Hormiguero ha dejado una puesta en escena digna de película, con una celebración convertida en un auténtico caos lleno de giros inesperados, humor y una tensión constante entre la ficción y el espectáculo televisivo.
Todo comienza con la gran idea de conmemorar los 20 años del formato mediante una gala especial repleta de premios y figuras conocidas del panorama mediático. La alfombra roja cobra vida con la presencia de rostros muy reconocibles, presentada por Carlos Alsina, mientras entre los nominados aparecen nombres como Miguel Ángel Revilla, Belén Esteban y José Luis Martínez-Almeida. A la fiesta se suman numerosos invitados, entre ellos Susanna Griso, Raphael o Carmen Machi, que aportan el brillo esperado a una noche pensada para celebrar la historia del programa.
Sin embargo, el ambiente festivo se ve alterado por la irrupción de un giro inesperado: el hermano gemelo malvado de Pablo Motos entra en escena con un plan para arruinar la gala desde dentro. Su objetivo es claro: sabotear la celebración del aniversario y desestabilizar el evento que debía ser el gran homenaje del programa tras dos décadas en antena.

A partir de ese momento, la historia se transforma en una sucesión de acciones cada vez más extremas. El villano no se limita a pequeñas interrupciones, sino que escala su plan hasta intentar un ataque contra Madrid utilizando un satélite. La tensión narrativa crece mientras el evento parece desmoronarse ante la mirada de todos los invitados.
En medio del caos aparece una figura inesperada: Roberto Brasero, que interviene con una solución imposible gracias a su peculiar “poder” de volver atrás en el tiempo. Utilizando un DeLorean, logra retroceder unos minutos para evitar la catástrofe inminente, cambiando por completo el rumbo de lo que estaba a punto de suceder.
La resolución no se detiene ahí. Una cadena de celebridades internacionales se une en una acción conjunta para detener el desenlace destructivo, con nombres como Nicky Jam, Robbie Williams, Will Smith, Pedro Pascal y Aitana formando una especie de alianza improvisada. Entre todos consiguen frenar el impacto de un rayo con una paellera, cerrando así la historia con una mezcla de absurdo, humor y espectáculo visual que refuerza el estilo característico del programa.
Con este desenlace, la gala ficticia consigue sobrevivir al sabotaje y da paso al cierre de temporada, dejando una sensación de celebración caótica en la que todo ha podido pasar.