“Mete la esponja en el congelador durante la noche”. Sonaba extraño, pero ¿quién soy yo para negarme a hacer un experimento casero?
De acuerdo, rara vez pensamos en que una esponja de cocina común y corriente es, literalmente, un caldo de cultivo para bacterias. Según los científicos, ¡hay unos 10 millones de microbios en un centímetro cuadrado de esponja! Eso es más que en la tapa de un inodoro.

Decidido: empezó el experimento. Por la mañana, saqué la esponja del congelador, la descongelé bajo agua caliente y… ¡Milagro!
✔ La esponja quedó impecable (al menos visualmente).
✔ El olor desagradable que ya me molestaba desapareció.
✔ ¡Y lo mejor: la esponja quedó intacta!

Una vez a la semana, pongo todas mis esponjas de cocina en el congelador: aquí explico por qué lo hago.
Ahora se ha convertido en una práctica costumbre. Una vez a la semana, guardo las esponjas en el congelador y vivo tranquila. Por cierto, duran mucho más, lo cual es genial para mi presupuesto.
