La tragedia del accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba), que ha dejado decenas de muertos y heridos en España tras el choque de dos trenes de alta velocidad, ha provocado no solo una cobertura mediática intensiva, sino también reacciones profundamente humanas por parte de periodistas y presentadores que han tenido que enfrentarse de cerca con el dolor ajeno. En medio de las conexiones en directo, Susanna Griso, la conductora de Espejo Público en Antena 3, optó por compartir un pasaje íntimo de su propia vida que hasta ahora no había hecho público: ella misma fue protagonista de un accidente de tren cuando tenía apenas ocho años.

Con la voz entrecortada y con visible emoción ante su audiencia, Griso explicó que aunque no quería comparar su experiencia con la tragedia actual, sentía que podía empatizar con lo que muchos supervivientes están viviendo. “Yo sufrí un accidente de tren, tenía ocho años y durante mucho tiempo, cada vez que me subía a uno, regresaba la pesadilla de mi vida”, detalló la presentadora, reconociendo que el miedo y el trauma la acompañaron durante años después de aquel episodio que marcó su infancia.
La revelación se produjo en un contexto especialmente emotivo: mientras cubría en directo los hechos en Adamuz y escuchaba los desgarradores relatos de víctimas y familiares —incluido el testimonio de un hombre que perdió a su madre en el siniestro— Griso no pudo ocultar la conmoción que le provocó revivir recuerdos propios de dolor y miedo. Sus palabras resonaron con fuerza en la audiencia, que siguió con especial atención cómo la tragedia actual despertaba heridas que, en su caso, llevaban décadas olvidadas.
Al relatar su experiencia, la presentadora quiso transmitir comprensión hacia quienes ahora enfrentan secuelas emocionales tras haber sobrevivido a la catástrofe. Explicó que el simple acto de volver a subirse a un tren después de aquel accidente de su infancia se volvió casi traumático, y aseguró que entiende perfectamente por qué muchas personas que vivieron este tipo de acontecimientos pueden sentirse perseguidas por recuerdos que regresan con cada viaje o anuncio relacionado con trenes.

Este momento, en el que una figura pública comparte una vivencia tan personal en medio de una cobertura de actualidad, añadió una dimensión humana poderosa a la crónica de los hechos en los medios. No se trató únicamente de informar, sino de conectar emocionalmente con el dolor de las víctimas y de reconocer cómo experiencias del pasado pueden volver a surgir cuando tragedias similares impactan al público y a quienes cubren las noticias desde los estudios de televisión.