Gregorio Morán, la pluma que no se doblegó, muere a los 79 años y deja al periodismo español sin su cronista más feroz

Gregorio Morán, uno de los periodistas y escritores más incisivos e irreverentes de la historia reciente de España, ha fallecido este lunes a los 79 años, dejando un silencio abrupto en las columnas y ensayos que durante décadas desafiaron los relatos oficiales y encendieron la controversia en cada página que firmaba.

Nacido en Oviedo en 1947, Morán se formó en un contexto social y político convulso, marcado por los últimos días del franquismo y el surgimiento de la Transición española. Desde muy joven abrazó la lucha antifranquista y militó en el Partido Comunista de España en la clandestinidad antes de dedicarse de lleno a la escritura y al periodismo, convencido de que la pluma podía desentrañar verdades incómodas.

Su carrera profesional fue un manifiesto de independencia y rigor: colaboró con medios tan variados como La Vanguardia, Mundo Obrero, Cambio 16, Diario 16 y otros, convirtiéndose en uno de los analistas políticos más reconocidos por su crítica sin concesiones y su capacidad para desmontar relatos complacientes del poder y la historia reciente.

Las Sabatinas intempestivas, sus columnas semanales en La Vanguardia desde 1988 hasta 2017, se convirtieron en lectura obligada para quienes buscaban un periodismo que no se plegara a la neutralidad acomodaticia. Morán no solo opinaba: diseccionaba la realidad política y cultural con ironía, memoria histórica y una visión provocadora que despertó tanto respeto como rechazo.

Como ensayista, su obra también marcó hitos: libros como El precio de la Transición y Miseria y grandeza del Partido Comunista de España se transformaron en textos de referencia para interpretar los entresijos de la política española del siglo XX y los matices de una democracia naciente. Pero quizás su aportación más debatida fueron sus dos biografías de Adolfo Suárez, en las que desmontó sin piedad la leyenda del presidente que condujo al país hacia la democracia, reescribiendo así la mirada colectiva sobre uno de los períodos más cruciales de la historia moderna del país.

Morán también incursionó en el cine: en 1978 colaboró en el guion de Siete días de enero, una película que abordaba la matanza de abogados laboralistas en Atocha, un momento crítico de la violencia política en los albores de la democracia. Su escritura artística y periodística compartía esa misma fuerza: siempre directa, siempre implacable.

Pero su carrera no estuvo exenta de tensiones. A menudo confrontó a direcciones de medios, a élites culturales y a estructuras de poder con la misma vehemencia que atacaba los consensos históricos. Su obra El cura y los mandarines, un ensayo sobre poder y cultura, encendió debates sobre los límites de la crítica intelectual y reveló las estrechas relaciones entre política, medios y mundo editorial.

Con su muerte, Gregorio Morán deja no solo una trayectoria profesional impresionante, sino también un legado intelectual que seguirá siendo objeto de estudio, discusión y controversia. Para muchos, fue un referente indispensable para entender la España contemporánea; para otros, una voz demasiado aguda y provocadora. En cualquier caso, su escritura ha dejado huella indeleble en el periodismo y el pensamiento crítico del país.

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