La historia de amor entre Julio Iglesias y Miranda Rijnsburger culminó en una boda que no pasó desapercibida para los seguidores de la pareja ni para los lectores de ¡HOLA!, que publicaron en exclusiva mundial uno de los enlaces más esperados de la alta sociedad española. Después de más de dos décadas de relación, llena de historias compartidas, viajes, éxitos familiares y cinco hijos en común, la pareja decidió dar el paso definitivo de formalizar su vínculo en una ceremonia íntima que, aunque privada, fue un momento de enorme emoción y significado tanto para ellos como para quienes han seguido su trayectoria con especial atención.
El enlace tuvo lugar el 24 de agosto de 2010 en la finca familiar de Ojén, en la Costa del Sol, una propiedad con grandes espacios ajardinados y vistas al mar que Julio Iglesias siempre ha considerado un refugio para su familia. En aquel momento, Julio tenía 66 años y Miranda 44, y ya eran padres de cinco hijos —Miguel, Rodrigo, Victoria, Cristina y Guillermo— cuyas edades iban desde los tres hasta los trece años en esa fecha, quienes no solo fueron testigos del momento sino parte esencial de la celebración que siguió a la ceremonia religiosa en la parroquia de la Virgen del Carmen, en Marbella.
Contrariamente a lo que muchos podrían pensar por tratarse de una figura tan mediática, la boda no fue un espectáculo ostentoso ni grandilocuente, sino más bien una unión familiar profundamente emotiva y discreta. Sólo asistieron los hijos y un par de testigos, el matrimonio que llevaba décadas vinculados a la gestión de las propiedades de la familia, lo que subrayó el carácter íntimo de la ocasión. El padre Luis de Lezama, junto con otros sacerdotes, ofició la ceremonia, que fue tan sobria como significativa para ambos protagonistas.

La crónica publicada por ¡HOLA! abarcó unas 40 páginas, incluidas en su edición impresa, con imágenes en las que se podía ver a los recién casados posando con sus hijos, a Miranda recogiendo flores de jardines repletos de jazmín en la casa familiar, y a la propia familia disfrutando de la Misa de acción de gracias celebrada posteriormente en la capilla que se encuentra entre la vivienda y la piscina con vistas al Mediterráneo. Julio mismo explicó a la revista que habían elegido ese lugar porque tanto él como Miranda adoraban España y querían compartir con sus hijos ese momento tan especial en un entorno que representaba para ellos su “hogar”.
La novia lució dos trajes de novia blancos diseñados por Oscar de la Renta, amigo cercano de Julio Iglesias y socio suyo en varios proyectos empresariales, mientras que el cantante optó por un atuendo de lino y algodón en tonos claros, reflejando la serenidad y sencillez que buscaron para ese día. Aunque la celebración fue íntima, el impacto mediático de ¡HOLA! llevando esa boda a sus páginas fue enorme: no sólo ilustró uno de los momentos más felices de la vida del artista, sino que también mostró una faceta más cercana, humana y familiar de un ícono de la música.

Julio Iglesias y Miranda Rijnsburger, cuyo amor se remonta a cuando se conocieron en un aeropuerto de Yakarta (Indonesia) en 1990, habían hablado durante años de casarse, pero siempre sentían que aún no era el momento. Cuando finalmente decidieron hacerlo, después de veinte años juntos, reconocieron que fue porque sentían que “era el momento justo” y porque deseaban consolidar ante todos lo que ya vivían en su día a día: una vida compartida, una familia establecida y una historia de cariño que ha perdurado con el paso del tiempo.