Lola Herrera revive su historia con Daniel Dicenta y recuerda la desigualdad legal que marcó su separación en una España sin divorcio

En una conversación sincera y sin rodeos, Lola Herrera vuelve a detenerse en uno de los capítulos más determinantes de su vida: su matrimonio con Daniel Dicenta y el complejo proceso que vivió cuando decidió separarse en una época en la que el divorcio todavía no existía en España. La actriz, a sus 90 años, repasa aquellos años con una mezcla de memoria clara y reflexión sobre el contexto social y legal que condicionaba cada paso.

Herrera recuerda que, cuando tomó la decisión de separarse, la legislación vigente obligaba a denunciar al marido y demostrar maltrato físico para poder iniciar determinados procedimientos. En su caso, explica que no existían agresiones físicas, pero sí una situación de infidelidades que le resultaba profundamente dolorosa. Sin embargo, la ley no contemplaba esas circunstancias como motivo suficiente, lo que colocaba a las mujeres en una posición de clara desventaja frente a los hombres.

En la entrevista, la actriz subraya la desigualdad existente en aquel sistema. Si ella hubiera tenido una relación fuera del matrimonio, su esposo podría haberla denunciado por adulterio. En cambio, ella no podía hacer lo mismo en sentido contrario. Esa asimetría legal marcó su experiencia y reforzó la sensación de estar atrapada en una estructura que no ofrecía las mismas opciones a ambos miembros de la pareja.

Herrera también recuerda un procedimiento judicial especialmente duro: el juez ordenó que fuera “depositada”, lo que implicaba vivir bajo la tutela de otras personas mientras se resolvía la situación. Ese proceso refleja cómo funcionaban entonces los mecanismos legales y cómo podían afectar de manera directa a la vida cotidiana de una mujer en proceso de separación. La actriz describe ese momento como parte de una realidad que hoy resulta difícil de imaginar.

Con la llegada del divorcio a España, pensó que sería de las primeras en iniciar los trámites para cerrar definitivamente aquella etapa. Sin embargo, la realidad fue distinta. Cuando la ley lo permitió, se encontró con una gran demanda de solicitudes, lo que generó largas esperas. Aquella ilusión inicial dio paso a una espera que duró varios años, hasta que finalmente pudo completar el proceso.

En su testimonio, Lola Herrera no solo repasa una historia personal, sino que también pone en contexto una época en la que las mujeres tenían limitaciones legales y sociales muy marcadas dentro del matrimonio. Su relato forma parte de una reflexión más amplia sobre cómo han evolucionado los derechos y las condiciones de igualdad a lo largo de las décadas.

Videos from internet