La tragedia personal de Federico Prat ha dado un giro dramático y desgarrador que ha dejado a la opinión pública en vilo. Tras las recientes y dolorosas declaraciones de sus hermanos, Joaquín y Alejandra Prat, quienes aseguraban haber «agotado todas las lágrimas» y posibilidades de ayuda, el hermano menos conocido de la saga ha decidido romper su silencio desde su refugio en La Línea de la Concepción. Con una frialdad que estremece, Federico ha desmentido la versión oficial de su familia, lanzando acusaciones que dibujan una realidad de abandono y desamparo absoluto.
Instalado desde hace doce años en esta localidad gaditana por un amor que ya se fue, Federico sobrevive hoy en las condiciones más precarias imaginables. «No es verdad que lo hayan intentado todo. Si lo hubiesen intentado todo, no me hubiesen dejado en la calle con la situación que estoy pasando», ha sentenciado con una contundencia que deja en entredicho el relato de unidad familiar de los presentadores. Según su testimonio, la brecha con su madre y sus hermanos es total, asegurando que no recibe ningún tipo de apoyo económico ni emocional por parte de ellos. Mientras Joaquín Prat hablaba en televisión de una lucha de décadas contra las adicciones de su hermano, Federico responde asegurando que ya ha dejado atrás ese oscuro mundo: «Hace ya bastante tiempo que dejé la adicción porque vi que no me hacía ningún bien. No tengo ningún contacto con las drogas».

La crudeza de su día a día es difícil de digerir. Federico confiesa que duerme en un cajero automático, enfrentándose cada noche al peligro de robos y agresiones por parte de personas que merodean la zona. Sin más ingresos que la caridad de los vecinos de La Línea, a quienes agradece profundamente que nunca le falte un plato de comida o ropa para abrigarse, ha lanzado una petición desesperada que es un grito de auxilio: «Necesito ayuda para alquilar una habitación. Me falta ducharme día a día y dormir en una cama». Su deseo es simplemente recuperar la dignidad que la vida le ha arrebatado, lejos de los focos de Madrid que iluminan las exitosas carreras de sus hermanos.
La respuesta desde el otro lado no se ha hecho esperar, pero lejos de tender puentes, parece haber cavado la zanja más profunda. Alejandra Prat, visiblemente afectada, ha reaccionado a estas palabras con una mezcla de pena y escepticismo, señalando que «mentir va siempre unido a las adicciones» y lamentando que su hermano no reconozca la realidad de su enfermedad. Sin embargo, entre tanta oscuridad, ha surgido una luz de esperanza anónima: Pepe ‘Pela Palmeras’, un vecino solidario de la zona, se ha ofrecido a facilitarle un lugar donde dormir y asearse. Mientras tanto, Federico espera una sentencia judicial tras un conflicto con la persona con la que compartía vivienda anteriormente, aferrado a la esperanza de una segunda oportunidad en una ciudad que, según él, le ha dado el calor que su propia sangre le ha negado.