Loquillo, el eterno rebelde del rock español, ha echado la vista atrás para rescatar un recuerdo que parece sacado de una pesadilla de otra época, pero que fue la realidad de toda una generación. En una confesión que ha dejado helados a sus seguidores, el artista ha narrado las condiciones higiénicas extremas que vivió durante su etapa escolar, revelando un episodio que marcaría su salud para siempre y que, paradójicamente, se convertiría en su escudo protector frente a los peligros que acechaban en las calles de su juventud. Con la contundencia que le caracteriza, el cantante ha denunciado una práctica habitual en los colegios de aquel entonces: «Nos sacaban sangre en el cole a todos con la misma aguja», ha relatado, describiendo una negligencia médica sistemática que hoy resultaría impensable.
Las consecuencias de aquel acto no tardaron en manifestarse en el joven Loquillo. El uso de material sanitario compartido provocó un brote que afectó a su organismo de manera directa. «Caí enfermo de hepatitis», confiesa el músico, recordando la debilidad y el miedo que sintió al ver su cuerpo flaquear siendo apenas un niño. Sin embargo, lo que en aquel momento fue vivido como una tragedia médica, terminó siendo el giro del destino que cambió el curso de su vida. El diagnóstico de hepatitis le obligó a mantener un cuidado extremo de su salud y una disciplina física que le aisló de los ambientes más peligrosos de la época.
En una reflexión cargada de profundidad, Loquillo asegura que esa enfermedad fue, en realidad, una bendición disfrazada. Mientras muchos de sus amigos y conocidos se hundían en la espiral de autodestrucción que marcó a la juventud de los años 80, él se vio forzado a mantenerse al margen. «Eso me salvó de las drogas», afirma con rotundidad. La necesidad de proteger su hígado y su salud tras el contagio le impidió caer en las tentaciones que acabaron con la vida de tantos artistas y compañeros de generación. La enfermedad le impuso un límite biológico que su voluntad quizás no habría podido establecer por sí sola en medio del caos del rock and roll.
Este testimonio de Loquillo arroja luz sobre las sombras de una España que despertaba a la modernidad pero que aún arrastraba carencias básicas en salud pública. Al compartir esta vivencia, el artista no solo denuncia las negligencias del pasado, sino que rinde homenaje a su propia supervivencia. El niño que fue contagiado por una aguja sucia en un pupitre escolar se convirtió en el hombre que supo utilizar esa cicatriz para mantenerse en pie cuando todo a su alrededor se desmoronaba. Es la historia de un superviviente que, gracias a un virus inesperado, encontró la fuerza necesaria para construir una carrera legendaria sin perderse en el camino de los excesos.